¡¡¡¡LAS OREJAS DEL RELOJ NO HAN MUERTO!!!!

12 de agosto de 2011

Prácticamente un cierre.

Son las dos y veinte de la madrugada de un viernes cualquiera de verano. El calor se acumula en mi espalada, en mis piernas, el sudor hace que la ropa se pegue al cuerpo. Exprimí mi inspiración a eso de medianoche, inicié mi soledad después de la cena. Cohen da vueltas, se mece en mi cabeza y caigo en la tentación de mirar tus fotos. Empezó como algo inocente, a ver como te iba, a ver de que habían ido tus vacaciones. Me hundí: no sabía nadar. Te vi, feliz. Recuerdo cuando no tenías tierra ni reino, cuando estabas tan perdida como yo mismo, y andábamos y hablábamos. Recordé cuando éramos tu y yo y los vicios, cuando más tarde, te dije que sospechaba que te amaba en un ataúd urbano línea 5. Recordé cuando el silencio entre tú y yo era amargo y nuestras miradas se burlaban de lo idiotas que éramos. Y en especial yo. Cuando te sujetaba la melena, en mi Día, cuando yo veía con la mente absorbida como jugabas con la gente que también te miraba . 500 fotos y no son tantas, casi la mitad de todo tu álbum.
Me lancé a hablarte, a decirte cualquier cosa pero justo en el momento que abrazaba tu nombre... te fuiste. Tú estas desconectada, me decía una fría máquina absurda. No, no quiero mandarte un mensaje privado. Quiero mandarte mil. Pero sólo me quedaba llorar, y yo no sé.

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