¡¡¡¡LAS OREJAS DEL RELOJ NO HAN MUERTO!!!!

21 de noviembre de 2012

El estudiar pronto y mal

Nadie discute hoy en día que el sistema educativo español hace aguas. Todo el mundo discute hoy en día por qué el sistema educativo español hace aguas y yo me voy a unir a la disputa desde este humilde y destartalado blog. Dejaré que otros se ocupen de criticar el profesorado y la distribución de los cursos, la cantidad de dinero que recibe el sistema (poco y bajando) o el nivel de exigencia; yo me voy a ocupar de lo que a mí atañe, aquello que los periódicos llaman "los jóvenes españoles". Pero ¿quienes son los jóvenes españoles y donde se les encuentra?
El problema de los alumnos parece ser el estudio y ¿dónde se estudia? Uno en su ignorancia ya estaba sopesando las ventajas e inconvenientes del allanamiento de morada cuando me enteré de la existencia de unos centros públicos llamados salas de estudio. Blanco y en botella. Allí se tiene que estudiar. Allí que fui.
Encontróme con una sala considerable, alargada y toda tan pintadita de blanco que se diría recién subvencionada. Distribuidas con cierta holgura un gran número de mesas de madera nueva y barnizada, como si no las hubieran golpeado con los lomos de un diccionario en una consulta apasionada o como si incluso no hubieran hincado codo alguno desde que se compraron. Un reloj estricto coronaba la sala para que los aplicados estudiantes contaran las horas y en los límites de las paredes, casi ocultas para que no entrase por ellas ninguna distracción -las distracciones entraban por la puerta cada dos minutos de reloj estricto- regulaban sin éxito la temperatura de ese horno de magdalenas con calores muy distintos las unas de las otras.
Al entrar a la sala debe uno cerrar la puerta con delicadeza para que no se enteren apenas de que has entrado. Para que se enteren ya se va después uno por uno saludando a amigos y conocidos por las mesas antes de asentarte en una con buenas vistas. Y nada más sentarte empieza el espectáculo: una danza de miradas y sonrisas, una fiesta de disfraces entre libros y cuadernos. Es una buena cosa que a pesar de las tecnologías no se esté perdiendo el noble y bello arte de la mirada, que en las salas de estudio llega a su cenit: miradas furtivas, miradas indiscretas, miradas seductoras, miradas cómplices... Un chaval mira a un libro de texto... ¡ah, no!: en realidad mira de reojo al ser amado, que a su vez mira a su ser amado particular (normalmente no coincide con el primero) que a su vez mira al amigo que alguna vez tiene que mirar al reloj. Hasta el estricto y serio reloj se apunta a la seducción. Puede que parezca un tópico pero muchas veces se cumple el que las mejores notas de la clase no son los mejores rostros. Sin embargo, en la sala de estudio de estudiosos no hay más que chicos y chicas guapas: normal que estén tan concurridas.
 En la sala de estudio se bebe café y coca-cola, porque así como no se puede ir al cine y ver una película sin tragarse una ración de palomitas no puedes estudiar sin tener nada en la boca. Esto es así. Otra costumbre en la sala de estudio es mirar lo que estudia, perdón, con que excusa ha venido hoy el de al lado y por qué fracasado examen llorará pasado mañana en su casa solo -no mirarle nadie.
Es normal que si el vecino está haciendo obras o están pasando la aspiradora por tu casa te refugies en la sala de estudio más cercana para estudiar en paz y tranquilidad, y seguramente por esas causas encontramos en la sala de estudio estudiantes de todos los barrios de la ciudad, incluso de los más alejados, los que tienen tres salas de estudio por el camino antes de llegar a la que hoy ocupamos. Pero es que las salas de estudio son como las universidades: van por prestigio.
He madurado otra explicación por la que encontramos tantos universitarios y quinceañeros juntos y revueltos en la sala de estudio. Es una razón más rebuscada, todo hay que decirlo. El concepto oculto tras las salas de estudio es la vuelta al instituto; el recuperar esa complicidad general reinante en la clase, esas risas contenidas, esas notitas y miradas que todo lo dicen de punta a punta del aula. Es la seducción no verbal y la exhibición por la que la gente va a clase. La sala de estudio es una clase enorme sin profesor que regañe (por un lado un alivio aunque por otro se cae un incentivo cómico-morboso) y con muchos, muchos alumnos. Alumnos variados de todas las edades y barrios.
¿Cómo estudiar con semejante circo montado? Pues de ninguna manera: ahí nadie estudia. El problema es que se piensa que sí. Los padres no tienen duda de que sus retoños han ido a estudiar; los estudiantes son confundidos por una simple regla de tres: si en las salas de recreativos se recrea uno, en las salas de estudio se estudia. Y en las salas de variedades se varía. Así tenemos estudiantes que no es que no estudien porque no quieren, sino que no estudian porque no saben que no estudian.
Por supuesto que no son la causa del fracaso escolar estas salas, pobrecitas ellas, pero son un fiel reflejo de la mentalidad del alumnado. El problema tiene mucho de déficit de atencion. Que vayan los expertos de educación a una. Una sala de estudio podría decirles más de los jóvenes españoles que mil informes PISA.  Menos mal que al menos son un fiel termómetro de la situación porque si no sirvieran para nada sería una tontería gastar dinero para mantenerlas.


3 de noviembre de 2012

Adiós a las noches.

Yo, que he guardado todas las noches como oro en paño de estrellas. Yo, que he atentado contra mi propia salud física y sobre todo mental haciéndome cargo de ellas. Yo, que las he mimado a todas por igual porque solo es una que se va y vuelve sin falta. ¿A mí -"a yo"- se me abandona tan descaradamente?
Las noches que conozco son todas iguales. Mundanas, vagas. Se las dan de interesantes pero están absolutamente vacías. Yo las he intentado adecentar, me he construido una imagen falsa de ellas. Será porque en un principio me fascinó la noche. Tan oscura, tan misteriosa. Hoy la dejo.
Ya no la intento ganar ni perder. Ni rechazarla sibilinamente. Le digo adiós a la noche, ya no me engaña.
Es absurdo perseguir imposibles.
Pero dejarme, sólo estoy delirando (cuando debería estar only sleeping)


Si cuando me despierte mañana esta rebelión ha dejado posos no me volveréis ver trasnochar en una temporada. Esperemos.