¡¡¡¡LAS OREJAS DEL RELOJ NO HAN MUERTO!!!!

29 de mayo de 2011

Irse, estar y cambiar

La noche estaba cerrada y las heridas, abiertas. (Jorge Drexler) Y esa voz que entonces empezó a susurrarme y que no cesa, con su amargo zumbido. Necesito cambiar, ya esto no me aporta nada. Demasiado cobarde para decirlo a la cara, demasiado harto para callármelo. No estoy convencido al cien por cien, pero su empuje es insoportable. Insoportablemente cruel.
No creo que tuvieran buenas sensaciones los Beatles tras acabar con la banda más importante de la historia. Al fin y al cabo, ¿quién me va a soportar, quién me va a entender fuera de aquí?¿y dentro?¿Quién aguantará a un pobre -salvando las distancias- Lennon sin Yoko siquiera?
Pero, ¿es que quiero cargarme los Beatles, o peor, irme de ellos y renunciar a un éxito encauzado? Sí... No... ¿Qué va a ser de mí lejos de casa? ¿Se cerrará de una vez este grifo de preguntas?
E irme pues, y salir a la calle, y perderme en Nueva York con mi maleta, con mi gorra de caza roja. Es una opción, salir sin ningún tipo de plan ni red por si cayera, como sería normal. Misión kamikaze, más profunda será la caída, si Dios me deja caer.
Más no veo nadie ahí fuera, nada que rascar. Esto o nada y nada es muy poco. Quedarse o marcharse, esa es la pregunta. Tercera opción a tener en cuenta: soy yo, por lo que tengo que cambiar. No estoy dispuesto. Nadie es libre, hasta los pájaros están encadenados al cielo. (Bob Dylan)

8 de mayo de 2011

Na, na, na

Música para relajarse un poco y dejar de pensar. Pero música buena que me gusta. Música para motivarse un rato. Frases redondas -"Tu tienes una chica y ella tiene un puñal", "Traigan las armas, traigan el alcohol"- . Frases para salir a la caza (y es que esto del amor es un deporte muy raro) .Los Rodriguez. Na, na, na.

¡Aireaos!

El invierno es para guardar la casa, para encender la chimenea, para leer en tu sillón. La primavera es para salir de casa, para estar en ella sólo lo justo y necesario. Si quieres leer, lee en el campo, si quieres calor, saluda al sol. Sal con la bici, pasea, no pares. Aprovecha el buen tiempo. Mira el cielo, mira un árbol, mira los pájaros. Huele las flores, el agua, la vida. En resumen: ¡Sal a la calle!. ¡Qué agradables es ir por al calle e ir encontrándote a la gente!.
Además, tú, segoviano, en estas fechas tienes un gran aliciente: el Titirimundi. El Titirimundi no es para niños pequeños, el Titirimundi es una gran suerte, y además gratis. Así que este es mi pequeño mensaje a la ciudadanía: Indignados, vale, pero al aire libre. Uno de los mayores placeres de este mundo: el mundo en sí.

Eva tomando el sol

Una de esas historias de amor en medio de la crisis. Esta historia encaja muy bien en estos años de recesión -incluido el primo concejal-, aunque se escribió en 1988 (Veintidós primaverazas, si no me traicionan los cálculos). La felicidad de montárselo con poco, de solo tener a la persona que amas, un poco rollo Lennon-Yoko, frente al dinero, la cuadratura de todo y las vecinas celosas. Pues eso, parece que además el asunto este tan capitalista les separó. Qué pena...

Todo empezó cuando aquella serpiente
me trajo una manzana y dijo prueba.
Yo me llamaba Adán,
seguramente tú te llamabas Eva.
Vivíamos de scuoters en un piso
abandonado de Moratalaz
si no has estado allí
no has visto el paraíso terrenal.
Cogimos un colchón de una basura,
dos sillas y una mesa con tres patas,
mientras yo emborronaba partituras
tu freías las patatas.
Plantamos cañamones de ketama
y un tiesto nos creció ante el ventanal,
con una rama de árbol
de la ciencia del bien y del mal.

A Eva le gustaba estar morena
y se tumbaba cada tarde al sol,
nadie vio nunca una sirena
tan desnuda en un balcón.
Pronto en cada ventana hubo un marido
a la hora en que montaba el show mi chica,
aunque en la tele diera en diferido
el Real Madrid - Benfica.
Un día la víbora del entresuelo
en trance a su consorte sorprendió,
formó un revuelo y telefoneó al 092.
Y como no teníamos apellidos,
ni hojas de parra, ni un tío concejal,
ni más Dios que Cupido
no sirvió de nada protestar.

Eva tomando el sol, bendito descontrol.
Besos, cebolla y pan, que más quieres Adán.

Un juez que se creía Dios dispuso
que precintara un guardia nuestro piso.
No quedan plazas para dos intrusos en el paraíso.
Estábamos sobre el colchón desnudos
jugando a nuestro juego favorito,
al ver entrar la pasma
Eva no pudo sofocar un grito.
A golpes la bajó por la escalera
un ángel disfrazado de alguacil
sin importarle un pijo
que estuviera encinta de Caín.
Hoy Eva vende en un supermercado
manzanas del pecado original.
Yo canto en la calle Preciados,
todos me llaman Adán.