¡¡¡¡LAS OREJAS DEL RELOJ NO HAN MUERTO!!!!

17 de agosto de 2011

Ella como tarde de verano.

Tarde es, por la tarde. Noche no es, mi noche no es ésta. Mi noche empieza a medianoche, con mi proceso de descomposición. Esta noche, como todas las demás desde más allá de un horizonte cercano, toca barra libre de copas; las sirve mi mente, las llena mi cerebro, las brindo a tu salud. En el bar de mala muerte instalado en mi casa -Desolation Row- probablemente pongan el mismo Don Perignon mezclado con Coca-Cola inyectado en mis oídos por los altavoces. Y puede que mientras mis ojos arden, goteando ojera, Leonard Cohen y Janis Joplin estén pasando una noche en el Chelsea Hotel, e, intercalado con visiones de Johanna, un exiliado llamado Joaquín lamente sus tatuajes de un pasado bucanero y sus peces de ciudad.


Pero no pienso en mi noche, cuando tarde, por la tarde vuelvo a casa. Aún pienso en que te he visto, y recapitulo mi tarde, segundo año triunfal sin purpurina ni otra colonia que la mía.

Salí de mi casa, pensando si me había arreglado bien, si sería hoy un buen día, si la vería. Ves a la gente, caminas, fingiendo que lo haces hacia una meta. Tomas las decisiones con decisión, aunque solo las que te dan tiempo para decidir. Y ahí estás. Hablando, tirando. El cielo está azul, solo cruza una nube de vez en cuando, pero esa nube llueve aquella duda. ¿La veré? Tomas las decisiones con decisión, aunque solo las que te puedan acercar a su radio de acción, a los lugares donde, puede, la veas, y sacies tu duda. 
Quedaste en ver a una chica. Pero cuando llegas ahí la saludas. La miras a la cara, sonríes, pero no dices nada. Y ahí que huyes. Un encuentro de tres minutos nunca ha sido un buen encuentro...con una excepción.

La tarde se mece, va cayendo dormida. Has bajado tus defensas. Y entonces la ves a lo lejos. ¡Qué estúpido te sientes cuando notas que tu corazón, ese que un día te hará la putada de ponerse en huelga, se pone a latir a todo tren! Él marca la batería. Tus gestos, tu absurda conversación, el estar al lado suyo rasga la guitarra con virtuosismo. Tu sonrisa de idiota canta, y tu escuchas atentamente. Te suena la melodía, ¿tu canción favorita, tal vez? 
Recuerdo el otro día en la tienda. Cuando te chocaste con ella, como solíais hacerlo antes, a propósito. Te dijo que habías crecido, y se fue, después de haberte mirado y haber sonreído como solíais hacer. Esta vez vino ella a saludarte. La diste dos besos, que no habrías cambiado ni por todos los millones de papeles y chapas que siembran el terror en el mundo. Se fue. Tres minutos fueron, los mejores del verano. Mañana puede que la vuelvas a ver, ya me ocuparé yo de que no se te olvide.

Y sigues barriendo con los pies cansados tu ciudad. ¡Qué el mundo haga sus planes, qué a mí me empujen hacía el torrente que quieran! Yo voy hablando, disimulando. Voy pensando que la he visto. El cielo está azul,  sólo manchado con alguna veta amarilla en el cielo, de los rayos de sol que te calientan aquella verdad. La he visto. 
Pero ya todos se han marchado, ya les he dado la mano, ya les he prometido lealtad con una mirada. Hay miradas más fuertes que otras. Y me voy a mi casa, ahora que tarde es, por la tarde.


PD.: Si algún día la tuviera entre mi escasa suerte, suerte escasa coronando una montaña de fortuna que asoma entre las atmósfera, ¿La enseñaría yo todo esto?¿La diría "todo esto es tuyo", los desequilibrios mentales caen en pendiente hacia ti? ¿Se lo diría, aún a riesgo de perderla por pasarme con el amor?

PD2.: Doy el tema por concluido, no dedicaré ni un sólo párrafo más a ella, salvo bajo extraordinarias circustancias.

1 comentario:

  1. Dr. Robert, se equivoca al no seguir escribiendo de ella...

    ResponderEliminar