El día que me deje de duchar
llegará
y llegará el día que absurdo sea vestirme,
llegará.
El tonel que me vea despertar
en sus húmedas entrañas
y el árbol que me vea caer
y las personas, extrañas,
que me eviten al pasar
están en algún sitio, cerca,
y vendrán.
Ya conozco la canción
que guiará mi mente al vasto vacío
y la escopeta que la intentará
desfibrilar con su cañón,
con su bala perdida, con su tiro
cargada está.
No me engaño:
no he perdido la esperanza.
Se perderá.
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