IX
Conducidos por nuestros gritos
aunque no los emitamos
nos quejamos -¿qué mal vamos!-,
nos metemos en garitos,
escupimos a los que vamos.
¿Qué se hace?
Hay quien canta y se le calla,
o peor: se le silencia
inyectando indiferencia
dónde aún no la haya.
Hay quien grita y se le escucha,
o peor: se le paga.
El silencio se apaga
y el ruido desembucha.
Hay quien habla: habla solo,
y no se le deja hablar.
Se le obliga a gritar:
sólo habla solo el loco.
Hay quien llora ¿qué más da?
a no ser que solloce:
gemir nadie conoce
patalear, patalear, patalear.
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