I
Una lluvia frugal de mayo,
mes que marceaba en tu boca
y en la mía, dejó una gota
de tu ojo en el pardo bisón.
Me inundó un pardo sentimiento
y ascendí a tu frente, sediento
y un ungí el dedo en néctar añal.
Ebrio de pureza dulcísima,
húmedo en ese manantial,
de ternura blanca y florida
quedé en un instante violento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario