¡¡¡¡LAS OREJAS DEL RELOJ NO HAN MUERTO!!!!

9 de julio de 2013

The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders of Mars I: Five Years

Esta historia comienza como todas las grandes historias: al final de la anterior. Esta historia comienza como todas las grandes historias: con antecedentes, antecedentes sobre los que ya se ha escrito en este blog.
Últimamente se está perdiendo la costumbre de mirar a las estrellas. Una costumbre que ha hecho que el hombre se estremezca, se pregunte cosas, se emocione y que vuelva a la Tierra más sabio o tan sólo quizá más consciente. Nadie está mirando al cielo esta noche, pero desde aquí se puede ver el intenso brillo rojo de la explosión que ha cambiado mi destino con sólo su amenaza.
 
Ha pasado tanto tiempo desde aquel momento que sólo conservo vagas nociones de su recuerdo. Al principio me pareció mentira... aquellas noticias en el marco de la puerta... no podía dar un paso más. Creí que era falso cuando me enteré, pero lo cierto es que todos sabíamos que iba a pasar. Aquellas lágrimas en sus ojos... fueron la razón por la que supe que no estaba mintiendo. 
Un día supimos que habían descubierto una partícula nueva, un bosón el cual era el sentido del universo. Otro día pudimos clonarnos entre nosotros. Al siguiente cayó el cartón y las ratas salieron del doble fondo. Todos habíamos sido espiados. Cada vez más personas tiraban de la manta y huían. Gigantes colosales perseguían a diminutas cucarachas que extendían su existencia. Todo era patético. Todo era grotesco. La pobreza aumentaba, y el hambre y el dolor. La gente se suicidaba. El presidente era un ladrón; todos los grandes sabios, impostores. Las madres suspiraban y sollozaban. La Santa Iglesia, corrupta, se cambiaba de bando. Las calles estaban tomadas por el fuego y los trozos de cristales. El futuro no existía... Masas violentas salían a la calle, protestando contra el amor. Ya nadie cuidaba de nadie. No se podía hacer nada, estábamos condenados. Y entonces llegó el día de la última sentencia: sólo nos quedaban cinco años. Nuestro planeta se estaba muriendo. Cinco años.

Todo me daba vueltas. Pensé en ella, y en Dios, y en el arte y la comida. Pensé en los hombres de las cavernas y en los más eminentes científicos. Pensé en todos los que habían muerto, pensé en el amor. En la química, en los teléfonos, en la calefacción. Aunque nada tenía sentido no era justo que nada acabara. Había que hacer algo. Había que salir ahí fuera y buscar ayuda. Nuestro planeta, nuestro hogar nos necesitaba. De repente, por mi vida gris se deslizó un brillo: un propósito, una causa noble. Todo lo acumulado, todo lo que era empezó a tomar relieve, se empezaron a mostrar en mi vida con más nitidez las luces y las sombras y todos los colores. No me avergüenza reconocerlo. 
A las pocas semanas subí a la nave. Despedí a mi madre, di la mano a mi padre y cerré la puerta. Despegué. Días más tarde estaba en medio del espacio, sentado dentro de una lata, lejos de mi hogar. Las lágrimas me acostaban por las noches y me despertaban por las mañanas cuando pensaba en todo por lo que mi planeta había pasado. Si pensaba en el futuro, no veía nada. Estas dos fuerzas eran tan fuerzas que acabaron por forzar la puerta de mi memoria y mi perspectiva y mi mente, como las máquinas de mi agonizante planeta, se reseteó, pero no me di cuenta de tener la mente en blanco hasta mi aterrizaje. Hasta entonces mis sentimientos combatían ferozmente, aún no se habían neutralizado los unos con los otros.

Había perdido la conexión con la torre de control. Estaba al lado de la puerta de la nave, flotando de la manera más peculiar y las estrellas ese día parecían muy diferentes a como las había visto siempre. Miré mi planeta por la ventanilla. Estaba maravillado contemplando ese intenso azul cuando una sombra en mi frente me devolvió a la realidad: cinco años. 



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