Si hay algo que define a un pueblo, a una nación en el sentido decimonónico de la palabra, eso es el idioma. El lenguaje de un pueblo habla del carácter de sus habitantes, de su clima, de su genoma y de su historia. Por eso mismo el alemán aúna pueblos parecidos para después diferenciarlos con sus distintas variantes. No saludan igual un alemán, un suizo y un austriaco, aunque todos lo hagan en el mismo idioma. Pero no me voy a meter en jardines filológicos que me quedan grandes y me voy a ocupar del idioma que algo conozco, el español, y del terreno donde se me permitirá hablar algo más, el de lo subjetivo.
Todo está inventado. Lo único que se puede hacer es conocer lo que ya se ha hecho para, al menos, no caer en la vanidad de creerse creador de algo. Yo me dispongo, en varias entradas, a configurar un diccionario personal con una selección de mis expresiones preferidas. Expresiones castizas, llenas de expresividad y solera. Expresiones españolas. Españolísimas. Como ya hizo, sin embargo, Camilo José Cela con su Diccionario Secreto hace tiempo y como seguro hicieron muchas personas más a lo largo de la historia, con más acierto, gracia o criterio. Anyway.
TU MADRE
Tu madre. La réplica universal, el insulto definitivo. Toda ofensa se contesta con un tu madre. O si la ofensa es de verdad grave, con un más contundente si cabe tu puta madre. Una frase lapidaria al alcance de todos, una frase que da lugar a conversaciones gloriosas entre cualquier par de buenos españoles.
A: Gilipollas.
B: Tu madre.
Y un contraataque magistral de A, un giro retórico que desmonta al adversario y llena de gloria al atacante, dándole el preciado trofeo de la última palabra:
A: La tuya.
En un intento de enriquecer esto último ronda por ahí el pareado "la tuya que es más capulla". Es inútil. Estropea todo el poderío de un la tuya así, a palo seco. Tu madre y su hermano gemelo la tuya son dos diamantes en bruto que no deben ser enmascarados. Son dos ajos, dos lonchas de jamón serrano. No admiten más, priman sobre toda palabra.
Tu madre es casi una sola palabra, tumadre. Un fósil viviente que pervive y pervivirá. No es dificil imaginar a Valle-Inclán gritando un tumadre en una de esas peleas en las que desembocaban sus tertulias literarias
(en una de las cuales perdió un brazo, apuesto que a consecuencia de una mención a la madre). Tumadres de Cervantes a su carcelero si se burlaba de él cuando fuera a llevarle la comida. Un tumadre de Bécquer cuando trabajó de censor. Un tumadre de Galdós.
A: ¡Lorca, maricón!
LORCA: ¡Tu puta madre!
[Otro día hablaremos de ese insulto, maricón]
Tu madre... Tu puta madre...
Tu madre es una apelación al punto débil del hombre y del español,. Mentar a la familia, aunque la odies, aunque no la veas más que en Navidad y ni eso, aunque carezcas de ella, es una gravísima ofensa. La familia. Defenderla es un instinto animal, algo primario. La fuerza de acción-reacción al instinto maternal, incluso cuando no ha habido instinto maternal por ninguna parte. Un tema sensible.
Al final es un consuelo, saber que por mucho que vayas perdiendo una discusión, que por muy impermeable que sea un español, que por muy pocas palabras o ingenio que vengan a la mente, siempre se va a tener el recurso más básico e infalible. El arma definitiva. El argumento irrefutable, la ofensa incontestable, la última palabra. Tu madre. La tuya.
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