Desde el principio supe
que era inútil tontear
con ella el baile era más complicado;
tenía el don de la originalidad.
Esa extraña relación
comenzaba a fraguar
Las cartas hoy en día
sólo se mandan
si te mueve el amor,
parece.
Y ese amor que me crece
pero no llega a calar.
Nunca he sabido si quiero con ella bailar,
o jugar, o bucear...
En la calle, la gente dice
que flota el olor a quemado,
el calor hace que se evaporice
todo lo que esa multitud
finge haber rezado.
Como un alud
calló la tormenta.
Aún oigo los destellos surcando
como una cuchillada el cielo
ya de por sí sobrecargado.
Qué idiota fui
a atreverme a contar,
en un pueblo de confianza
y supuesta lealtad,
tal asunto enturbiado
por el deseo carnal
que para que no enturbie
hay que ser un degenerado.
Esta tarde de sol
salió a faenar
Miliki a las Ventas,
con los otros dos detrás.
No estando presente
-el problema es que sí ella-
vi la escena perfectamente.
Todo el mundo está festejando
o caminando taciturno a casa.
Desde lo lejos, las personas
por la calle miran el estampado
de tu camiseta.
Y en medio de todo ese jaleo
de gente con bocinas y canciones
cruza la plaza una mujer -mujer, creo-
con su melena roja a borbotones
y aspecto de algún tipo de profeta.
Su sabueso, cruel, azabache
tiene un aspecto sobrenatural.
La arrastra empujando la correa
con su cuello de sangre y brea.
Y ahora me toca a mí
inventar una explicación,
mentir un poco,
echar balones fuera
hasta que se calme todo,
remover la olla.
Ahora se va a creer
que estoy rendido a sus pies
cuando hace tiempo que no rindo,
rindiendo homenaje a ella,
mi maja desnuda, de Goya.
Las manos me huelen a detergente
llegó un tiempo en que todo me parece mal.
Si me encuentro socavones,
o yo soy bache de la gente
me viene dando igual.
Hay tantas cosas de las que me arrepiento
y hay tanta gente a lo que yo acuso...
No sé, esto es todo un poco confuso;
quería que supieses como me siento.
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