Una salida muy útil cuándo no sabes de qué hablar pero la gente te pide que hables es hablar de que no tienes nada de qué hablar (¡Puf, hay que ver, menudo lío!). Y es que reconozco que cuando empecé este blog no sabía dónde me metía. -Nada, cuando me dé la gana y me aburra escribo un rato y fuera- pensaba. Pero no, no es así. Ahora que estoy descubriendo poco a poco la blogsfera (y me encanta) me surge una especie de obligación moral de escribir con alguna regularidad. Y no me sale; no se me ocurren temas de los que hablar, o no sé como abordarlos. Luego está el escribir bien: tengo que andar revisando textos, cambiando palabras, poniendo tildes (creo que todavía pongo algunas mal), etc. Además me dicen que mis posts son un poco largos, pero yo no quiero escribir menos (aún así no me sale escribir mucho, así que acabarán ganado mis lectores, como debe ser).
Los blogs, en teoría, tienen que tener un tema, y eso es lo que le pasa al mío, que no va de nada en especial. Que quiere ser de todo y acaba por no ser de nada. Sea como sea no lo voy a cambiar. Digamos que este es un blog que intercala música con opinión y opinión a secas, por ejemplo.
Así que, lo siento por el abandono al blog y futuros abandonos y os recomiendo una cosa: no hagáis un blog a no ser que lo tengáis muy claro. Así vosotros os ahorráis sufrimiento y yo competencia. Todos salimos ganando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario