La noche estaba cerrada y las heridas, abiertas. (Jorge Drexler) Y esa voz que entonces empezó a susurrarme y que no cesa, con su amargo zumbido. Necesito cambiar, ya esto no me aporta nada. Demasiado cobarde para decirlo a la cara, demasiado harto para callármelo. No estoy convencido al cien por cien, pero su empuje es insoportable. Insoportablemente cruel.
No creo que tuvieran buenas sensaciones los Beatles tras acabar con la banda más importante de la historia. Al fin y al cabo, ¿quién me va a soportar, quién me va a entender fuera de aquí?¿y dentro?¿Quién aguantará a un pobre -salvando las distancias- Lennon sin Yoko siquiera?
Pero, ¿es que quiero cargarme los Beatles, o peor, irme de ellos y renunciar a un éxito encauzado? Sí... No... ¿Qué va a ser de mí lejos de casa? ¿Se cerrará de una vez este grifo de preguntas?
E irme pues, y salir a la calle, y perderme en Nueva York con mi maleta, con mi gorra de caza roja. Es una opción, salir sin ningún tipo de plan ni red por si cayera, como sería normal. Misión kamikaze, más profunda será la caída, si Dios me deja caer.
Más no veo nadie ahí fuera, nada que rascar. Esto o nada y nada es muy poco. Quedarse o marcharse, esa es la pregunta. Tercera opción a tener en cuenta: soy yo, por lo que tengo que cambiar. No estoy dispuesto. Nadie es libre, hasta los pájaros están encadenados al cielo. (Bob Dylan)
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