Holden Caulfield se me ha hecho un personaje tan real que ha habido momentos en los que he dudado si le conocía realmente o no. A veces me decía a mí mismo: "Claro que le conoces, Holden eres tú". Al tiempo que iba identificándome con él me fui metiendo en la historia, hasta sentir la necesidad de leer El Guardián entre el Centeno cuando o donde estuviese, fueran las dos de la noche o la clase de matemáticas, por poner dos ejemplos.
¿Quién no ha querido alguna vez marcharse de su vida, vivir sin normas, como quisiese; vivir en un hotel, irse de fiesta? Yo, por lo menos, lo he querido hasta que este libro me ha disuadido de mi deseo, mostrando la soledad y decadencia por la que pasa Holden cuando decide irse de su colegio y librarse de toda esa gente estirada que tanto odia.
Me gusta el protagonista: natural, crítico, rebelde. Los que opinan que es un loco fallan, aunque por poco. Pero no me gustaría convertirme en ese chico en el que, en ocasiones, me he visto a mí mismo. Le veo perdido, le veo bastante solo, no creo que le fuera nunca bien. Parece como si no le gustara nada de este mundo, como si odiara la creación. Todo eso que odia, también lo acaba teniendo él. La humanidad no es perfecta pero tampo hay que obcecarse con sus fallos, también habrá que valorar sus aciertos. Vivir, para mí, es la música, es ese cine que tan poco gusta a Holden, es saber amar a la gente, es intentar cambiarlo todo.
Pues eso, El Guardián entre el Centeno, de Salinger. Altamente recomendable.

No hay comentarios:
Publicar un comentario