¡¡¡¡LAS OREJAS DEL RELOJ NO HAN MUERTO!!!!

28 de febrero de 2011

Cuento (?) del vis a vis

De las mayores estupideces que cometió. O no, puede que fuera de las decisiones más inteligentes que tomó: Muchas veces le daba la impresión de que sus actos más lúcidos pasaban por bobos en un mundo de estúpidos. Casi nada. Pero al final lo hizo.
Tenía preparado el discurso, se lo sabía de corrido. No contó con que no iba a dar un mitin; iba a hablar con alguien. La vio en el bus, pero había demasiada gente. Se bajaron en la misma parada y él, rompiendo un silencio de semanas, la preguntó si luego bajaba otra vez en aquella línea 8.
A la bajada se sentó justo delante de ella. Cara a cara, vis a vis. Hubo un silencio dramático, de tanteo, hasta que los dos, increíblemente al unísono, dijeron: "¡ya!" Esto le desconcertó unos segundos; ya las cosas no iban como había bocetado su imaginación. Pero el siguió, no recuerda como. Solo sabe que ya habían empezado a medio-discutir (aunque sin duda felices porque discutiendo o no, por lo menos se hablaban) y eso no estaba ni de largo en sus planes. Su estrategia era arrepentirse de todo, pedir mil perdones, y ahí se encontró, rebatiendo todo lo que ella le decía.
Hasta que por fin, llegó al cenit de la discusión, de la semana, del mes y de lo que a él le parecía su vida:
'Porque te quiero'. Pero la quería como se quiere alcanzar la luna, como se quiere matar al tiempo. Simplemente la quería, consciente de que nunca él podría lograrla.
Y cuando pronunció esas palabras, cinco meses pasaron en un instante. Pasaron las miradas de ojos verde marihuana, las clases de sociales, el deseo, las habitaciones extrañas, las colonias y Canadá entera, pasó el Windsor y el día que me quieras, pasaron los coros, pasó el autobús de parada, el conservatorio de su vida, pasó un mundo; pasó una era -Good times never seemed so good-.
Con el poco valor que le quedaba se tiró un farol mirándola a la cara. Y captó apenas un gesto. Un gesto como de que eso era un final previsiblemente inesperado, de que esa película la había visto mil veces. Y él lo supo interpretar. Y murieron los ojos verde marihuana, murieron las clases de sociales, murieron las habitaciones extrañas, las colonias y Canadá entera, ardió el Windsor y el día que me quieras, murieron los coros, paró el autobús, murió el conservatorio, empezó el mundo, acabó una era y, entre sudores fríos, al fin despertó.

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